
El Teatro Principal de Alicante acogió un evento musical de profundo calado: el debut conjunto del aclamado violonchelista Adolfo Gutiérrez Arenas y el brillante pianista Julien Quentin, en el marco de la programación de la Sociedad de Conciertos de Alicante. La expectación por presenciar esta inédita colaboración se vio recompensada con una noche de profunda emotividad y excelencia artística.
El concierto, cargado de significado, arrancó con un gesto de profunda sensibilidad y agradecimiento. Antes de iniciar el programa oficial, los músicos dedicaron un sentido homenaje a la figura de Rafael Beltrán Dupuy, que fue durante más de cincuenta años el alma de la Sociedad de Conciertos como secretario y programador. Adolfo Gutiérrez, en un momento de gran emoción, se dirigió al público para decirles que “es la octava vez que vengo a Alicante, mi segunda casa, pero es la primera vez que vengo sin que esté Don Rafael Beltrán, un muy querido amigo. A lo largo de todos los años que he venido a Alicante hemos forjado una bonita amistad basada en lo que nos apasiona a los dos: la música. Quería que supieran que este programa que van a escuchar es un programa que eligió él, conmigo al teléfono, obra por obra. Es exactamente lo que él quería escuchar y, por supuesto, al igual que toda la temporada el concierto se lo dedicamos a él, pero queríamos dedicarle fuera de programa la última obra que pude tocar para él un par de semanas antes de su fallecimiento, En su memoria vamos a interpretar Après un Rêve, de Faure”. Un adiós íntimo y conmovedor que sirvió como un tributo sincero a la persona que dedicó su vida a enriquecer la vida musical de Alicante, marcando el tono emotivo de toda la velada.
La Majestuosidad de Beethoven
La primera parte del programa se centró en la obra de Ludwig van Beethoven, mostrando la versatilidad y el diálogo perfecto entre el violonchelo y el piano.
El recorrido comenzó con las Siete Variaciones sobre la Flauta Mágica, WoO. 46. En estas variaciones, basadas en un tema de la ópera de Mozart, la pareja exploró con maestría los diferentes matices del Andante, destacando la ligereza y el ingenio melódico que requiere la obra.
El plato fuerte beethoveniano llegó con la Sonata No. 3 en La mayor, Op. 69 considerada una obra maestra del repertorio para esta formación, el dúo brilló durante toda la pieza. El Allegro, ma non troppo se ejecutó con una nobleza lírica, mientras que el Scherzo: Allegro molto contrastó con su energía rítmica y su vivacidad endiablada. El movimiento lento, Adagio cantabile, fue un momento de introspección poética, que se resolvió con la alegría y el ímpetu del Allegro vivace final.
Romanticismo a flor de piel
La segunda parte nos sumergió de lleno en la intensidad del Romanticismo alemán.
Abrió el periodo el Adagio y Allegro, Op. 70, de Robert Schumann. Una pieza que exige un rápido cambio de carácter, pasando de la melancolía reflexiva del Adagio a la pasión desbordada y la brillantez técnica del Allegro. Gutiérrez Arenas y Quentin demostraron aquí su compenetración total, manejando la respiración y el fraseo con una unidad admirable.
El broche de oro al programa vino de la mano de Johannes Brahms y su monumental Sonata No. 2 en Fa Mayor, Op. 99. Desde el efervescente Allegro vivace, que nos recordó la grandeza sinfónica del compositor, hasta la calidez melódica del Adagio affettuoso, la interpretación fue una verdadera cátedra de intensidad emocional. El fuego y la pasión se encendieron en el Allegro passionato, para culminar con un Allegro molto de vigoroso optimismo.
Al término de la última nota, el público del Teatro Principal les brindó una calurosa y prolongada ovación a los artistas, en reconocimiento a la calidad técnica y la entrega emocional ofrecida. El dúo, visiblemente agradecido, regresó para ofrecer un esperado bis, un regalo que el público disfrutó con fervor antes de cerrar esta memorable noche de música de cámara con la pieza Mein Wagen Rollet Langsam, de Schumann.







