
Más de cinco minutos de un aplauso atronador, con el público puesto en pie y las naves de la Basílica de Santa María de Alicante vibrando en una ovación cerrada, sellaron una noche que ya es historia de la ciudad. Tras dos bises brillantes (Con mi burrito sabanero y Noche de Paz) que terminaron por desbordar la emoción de los asistentes que abarrotaban el templo, la Orquesta y el Coro de la Comunidad de Madrid (ORCAM) se despidió consagrando, por tercer año consecutivo, el ya tradicional Concierto de Navidad organizado por la Fundación Sociedad de Conciertos y la Sociedad de Conciertos de Alicante. Bajo la batuta del maestro Javier Carmena, la velada no fue solo un despliegue de virtuosismo técnico, sino una experiencia espiritual que encontró en la arquitectura barroca y la acústica de la basílica su mejor aliado.
Antes del concierto el presidente de la Fundación Sociedad de Conciertos de Alicante, Alfonso Ramón-Borja, se dirigió a los asistentes para darles la gracias por su asistencia, entre los que destacaba la recientemente nombrada Secretaria Autonómica de Cultura, Marta Alonso. En su intervención destacó la “monumentalidad del concierto en un edificio monumental. También dio las gracias a la ORCAM y a los patrocinadores y colaboradores por apoyar esta iniciativa.
El programa, diseñado con inteligencia para ser interpretado sin pausas y no romper así el hilo emocional, comenzó con la profundidad de la Misa en Re mayor, Op. 86, de Antonín Dvořák. En esta obra, Carmena demostró un control absoluto de los tiempos y las texturas, permitiendo que el Kyrie inicial se elevara con una delicadeza casi etérea. Fue en esta pieza sacra donde los solistas de la propia formación, con una técnica depurada y una sensibilidad conmovedora, dialogaron con el cuerpo coral aportando un color humano y cercano a la partitura. Sus intervenciones, especialmente en los pasajes más líricos del Benedictus y el Agnus Dei, destacaron por un fraseo elegante y una proyección que sorteó con éxito los retos acústicos del templo, logrando una unidad sonora con la orquesta que rozó la perfección. A medida que avanzaban el Gloria y el Credo, la ORCAM desplegó una paleta de colores extraordinaria, transitando desde la potencia jubilosa de las secciones corales hasta la precisión quirúrgica de las cuerdas, que arroparon las voces en una comunión perfecta.
Sin solución de continuidad, el tono del concierto giró hacia la calidez de nuestra memoria colectiva con una selección de villancicos tradicionales que elevaron lo vernáculo a la categoría de arte mayor. El coro de la ORCAM, apoyado en la solvencia de sus voces solistas que lideraron con carisma las melodías más populares, demostró su versatilidad y calidez en piezas como Dime, Niño y Pastores, venid, que envolvieron la basílica en una nostalgia luminosa. El dinamismo rítmico de Fiesta navideña precedió al clímax final con El tamborilero y Campana sobre campana, piezas en las que la orquestación y el empaste vocal lograron que el sonido pareciera multiplicar las dimensiones físicas del templo.
La Fundación Sociedad de Conciertos y la Sociedad de Conciertos de Alicante han vuelto a demostrar que la excelencia musical es el mejor vehículo para la unión ciudadana. Fue, en definitiva, un regalo para los sentidos y un preludio inmejorable para estas fiestas: una noche donde la música dejó de ser simple sonido para convertirse en luz pura bajo las bóvedas de Santa María.






