
Tres de los nombres más imponentes de la escena clásica actual, el violinista Ilya Gringolts, el viola Lawrence Power y el violonchelista Nicolas Altstaedt, unieron sus talentos para ofrecer una velada monográfica dedicada a los tríos de cuerda de Ludwig van Beethoven en el Teatro Principal, para deleite del público. En el marco de la programación de la Sociedad de Conciertos de Alicante, el público asistió a una lección magistral de cómo tres solistas de talla mundial pueden fundirse en un sonido único. Un concierto estelar para cerrar un año excepcional.
De los tres intérpretes, solo Gringolts había estado antes en el Teatro Principal, pero la química establecida con Power y Altstaedt hizo sentir a la audiencia que estábamos ante una formación consolidada en años de amistad y de perfecta conjunción. Más allá de las notas, lo que se vivió en Alicante fue una exhibición de inteligencia musical. No es común ver a tres solistas de este calibre renunciar al lucimiento individual en favor del grupo. Gringolts, Power y Altstaedt demostraron que la música de cámara es, ante todo, una conversación de alto nivel, llena de miradas cómplices, que se afana en transmitir con rigor y corazón desde los momentos más técnicos a los plenos de emocionales.
El programa se centró en el Opus 9, una colección de piezas en las que un joven Beethoven empezaba a demostrar que el trío de cuerda no era un “hermano menor” del cuarteto, sino un desafío técnico y emocional de primer orden.
La primera parte arrancó con el Trío n.º 4 en Re mayor, una obra de carácter amable en la que los tres músicos exhibieron una articulación cristalina. Destacó especialmente el Andante quasi Allegretto, interpretado con una delicadeza que puso de manifiesto la calidad sonora de sus instrumentos. Sin pausa para el asombro, abordaron el Trío n.º 5 en Do menor, una tonalidad que en Beethoven siempre presagia mucha profundidad. Aquí, el Allegro con spirito inicial fue un despliegue de energía controlada, mientras que el Adagio con espressione permitió a Altstaedt y Power lucir unos graves aterciopelados y una expresividad conmovedora.
Un cierre de altura
Tras el descanso, el protagonismo absoluto fue para el Trío n.º 3 en Sol mayor, pieza que corona este ciclo. Fue quizás el momento de mayor exigencia técnica de la noche y también el que más emociones generó. Desde el Adagio-allegro con brio, el conjunto mostró una compenetración asombrosa: las entradas eran exactas y el equilibrio de volúmenes permitía que cada frase del violín de Gringolts fuera respondida con precisión por sus compañeros.
El cierre con el movimiento Presto fue un auténtico torbellino de agilidad. La velocidad no sacrificó en ningún momento el detalle, dejando al público en un silencio reverencial que estalló en aplausos nada más caer el último arco.
El trío, agradecido por el calor del público, les regaló dos bises que dejaron a los asistentes con el alma sobrecogida: la Sinfonía n,º 10 en Sol Mayor para clave BWV 796 y la Sinfonía n.º 11 en Sol Menor BWV 797, ambas de Bach. Dos joyas para despedir 2026 con buen sabor de boca musical con Bach entre la luz y la penumbra con dos sinfonías que respiran eternidad.







